sábado, 6 de octubre de 2012

LA ZARZUELA: UN GÉNERO EN EXTINCIÓN EN ARGENTINA

Para esta entrada he querido referirme al llamado “género chico” (que en realidad no lo es) o zarzuela, de amplísima difusión en el país desde finales del s XIX y durante una buena parte de siglo pasado.
En mi humilde visión, lamentablemente, creo que la zarzuela está en franca desaparición en estas latitudes. Basta con revisar las programaciones de las temporadas de los teatros oficiales como de los diversos emprendimientos particulares para darnos cuenta de ello.
Pero, además, hay otro signo que corrobora lo que aquí se sostiene: su reducido repertorio. Paradójicamente, un género tan vasto como éste, con sus numerosos títulos y compositores se limita, en Argentina, a más o menos, tres composiciones: Doña Francisquita, Luisa Fernanda y La Verbena de la Paloma.  De ahí no salimos.
En la Argentina, con su vasta tradición española producto de esa pujante inmigración que llegó a estas tierras en los siglos XIX y XX, el género, ha retrocedido a niveles que rozan su extinción. Inclusive existen zarzuelas con expresa referencia a nuestro país, tal el caso de “Los Sobrinos del Capitán Grant” (Fernández Caballero, 1877) y “Manuelita Rosas” (Francisco Alonso, 1941) cuyo desconocimiento, aquí, es notorio. No resulta ocioso recordar que, incluso, nuestro compositor Carlos López Buchardo (1881-1948) incursionó en el género con obras como  "Amalia", "La Pericona" y "Madame Lynch", también desaparecidas actualmente del repertorio.
Puedo entender que el mal llamado “género chico” resulte tan complejo como la ópera, pero es indubitable que, la vastedad de sus composiciones, se elevan como un poderoso acicate para las jóvenes generaciones que se involucran en el canto. Con ello, me refiero a que constituyen un excelente ámbito para el desarrollo de nuevas voces, así como de recursos teatrales y el acercamiento del público a un género que hoy pueden resultar distante.   
También escucho, en programas radiales especializados, como los conductores se rasgan las vestiduras por la zarzuela. La realidad es que poco y nada hacen para impulsar su desarrollo. Por el contrario, parecieran mantener un doble discurso. Mientras declaman por su inclusión en las temporadas teatrales, luego son complacientes cuando la zarzuela no está presente en ellas.
Como la idea es salir de los sitios comunes, para esta vuelta he elegido subir a las páginas del Correo de la Ópera, “El Barberillo de Lavapiés”, magnífica composición en tres actos del maestro Francisco Asenjo Barbieri, con libreto de Luis Mariano de Larra, estrenada en Madrid el 19 de diciembre 1874.
Musicalmente, diré que la obra  ofrece momentos de inspiración italiana. Ejemplo de ellos son los concertantes y la coloratura presente en muchos de sus pasajes, los tempi de los finales de escena, etc a los que supo apelar Barbieri. Con una música brillante, se destacan el preludio, la presentación de Lamparilla, las seguidillas, la canción de Paloma (interpretada en conciertos por numerosas sopranos), etc. Todo ello acompañado por una orquestación genial, que otorga a la obra una frescura inigualable en condiciones plenas de competir con un buen número de óperas. Como es de suponer en Argentina hace muchos años que no la vemos en cartel.
En lo que hace su argumento, brevemente, diré que su título tiene reminiscencias de Il Barbiere di Siviglia rossiniano, pero con una trama muy diferente. Transcurre en el populoso barrio madrileño de Lavapiés, alrededor del año 1766, durante el reinado de Carlos III, con sus complots y conjuras contra los ministros del monarca.
No obstante, vamos a echarle un vistazo al desarrollo argumental de la obra. La acción transcurre, como ya dije, en el Madrid de Carlos III, situándose ésta en el viejo barrio de Lavapiés. Es la época en que se iluminó la ciudad con faroles de aceite y en la cual, también, se creó el cuerpo de serenos. Por cierto, ninguna de estas medidas obtuvo el beneplácito de aquellos que procuraban la oscuridad como forma de obtener la impunidad de sus actos.
Comienza el primer acto en los alrededores de El Pardo, durante la romería de San Eugenio. Allí llega Lamparilla quien es recibido con algarabía por todos los presentes, dándose a conocer como el barbero más popular de todo Madrid. Asimismo comenta sobre la situación política del momento y la decisión de Sabatini de crear un cuerpo de serenos e iluminar la ciudad con faroles Aparece luego Paloma. Lamparilla y ella se involucran en un galanteo amoroso, donde el joven barbero confiesa sus sentimientos, mientras que Paloma se muestra huidiza. Posteriormente, entran en escena la Marquesa Estrella y Don Juan de Peralta, conspiradores ambos del bando del Conde de Floridablanca, con intenciones de ingresar a una casa cercana donde se celebra una reunión de conjurados. En ese instante irrumpe, Don Luis de Haro, prometido de la marquesa,  prosélito decidido y sobrino del ministro Grimaldi, quien ante la presencia del desconocido pretende averiguar las razones de su presencia. La situación parece tensarse pero la oportuna irrupción de majos y majas relaja la escena. En el grupo está Paloma a la cual la Marquesa le solicita que la disimule entre la gente. Al quedar solos, Don Juan y Don Luis, se enlazan en un duro cruce verbal del cual el primero puede zafar, ingresando en la casa en tiempo oportuno.
En tanto, Paloma explica con vaguedades a Lamparilla la situación de la Marquesa y pide a éste que la acompañe hasta la mansión.  El barbero mucho no entiende pero, por amor a Paloma, cumple con lo solicitado. Cuando la Marquesa está por retirarse, Don Luis se interpone. Lamparilla y el noble se trenzan en una discusión, aprovechando la primera oportunidad para escapar junto con Estrella.
Traen a Don Luis noticias sobre intrigas palaciegas contra su tío el ministro Grimaldi y deduce que, en la casa a donde quiso ingresar la Marquesa y el ignoto caballero se está tejiendo algún complot. Ordena entonces que traigan sillas de manos para sacar a los conspiradores sin que sean advertidos por el pueblo. Lamparilla y Estrella advierten la presencia de soldados. Nuevamente un grupo de majas, majos y estudiantes interrumpe ocasionalmente en el lugar desorientando a la tropa que pugna por capturar a los conjurados. En plena algarabía hay un solo detenido: el barbero Lamparilla.
El Segundo Acto se inicia con el lamento de los parroquianos de la barbería de Lamparilla, quienes sufren la inexperiencia de los mancebos del barbero. Aparece éste quien ha sido liberado por sus captores y por pedido de los presente relata la aventura vivida: detenido sin saber por qué, no ha podido dar noticias de nada ni de nadie.
Aparecen Paloma y la Marquesa Estrella las que, en su conversación, rebelan que el soborno ha sido la verdadera causal de la liberación del joven barbero. Estrella pide un nuevo favor a la Paloma: que comprometa la colaboración de Lamparilla. A cambio, apadrinará la boda de ambos. Paloma se niega rotundamente. Lo que ella hace por la Marquesa es por la bondad y preocupación que mostró ésta, cuando su madre se encontraba en transe de muerte. A fin de tranquilizar a Paloma, Estrella explica que está interesada en lograr una reunión entre Floridablanca y Carlos III, a fin que el monarca conozca la propuesta del candidato a primer ministro, eludiendo el cerco que Grimaldi ha impuesto para que nadie se acerque al rey. Para ello es menester contar con la colaboración del Lamparilla a fin que junto con unos mozos rompa diversas farolas y desvíe la atención de los guardias. De esta manera la conjura seguirá en marcha.
Irrumpe Don Luis de Haro. Hay una serie de explicaciones entre Estrella y éste, pero la Marquesa –a fin que su amado no se interponga en el cumplimiento de los planes políticos- le pide que no la busque por cuatro días. Don Luis acepta, pero sospecha que en algo raro su prometida está involucrada.
A la barbería de Lamparilla llega Paloma. Los jóvenes festejan en el encuentro y se explican los acontecimientos protagonizados. Paloma narra al barbero la segunda parte del plan y el rol que éste debe cumplir.
Por su parte, Don Luis y Don Pedro, vigilan la mansión de la Marquesa. Esperan el momento oportuno para tomarla por asalto y capturar a los conspiradores. Don Luis intercede por su amada pero la idea del capitán es tomar prisioneros a todos. En tanto, los complotados, advierten la presencia de la tropa y Lamparilla entona una copla para distraer a la soldadesca. Pese a la súplica de Don Luis, la guardia irrumpe en la mansión. Sin embargo, los conjurados han tenido el tiempo suficiente para escapar a través de un agujero hecho en la pared, lindante a la casa de Paloma, y huir por los tejados, al amparo de la oscuridad provocada por la rotura de los faroles que han dejado a oscuras a todo el barrio de Lavapiés.
El último acto, nos muestra la habitación de Paloma. Las costureras que laboran a su servicio le preguntan la razón de pasar tantos días encerrada en su habitación. La joven elude cualquier explicación y procura no traicionar a Estrella y a Don Luis en su idea de hacerlos huir disfrazados de majos, pues la conjura no ha resultado.
Llega Lamparilla y se lamenta por los males que la política ha ocasionado al país. Ya están todos listos para partir cuando se escuchan rumores de pasos. Nuevamente son los soldados. La Marquesa y Don Luis disfrazados de majos se disponen a escpar por los techos y al llegar la tropa a la habitación no encuentran a nadie. Pero, en esta oportunidad, la suerte les ha jugado una mala pasada. La Marquesa y Don Luis han sido detenidos. Finalmente irrumpe triunfante Lamparilla con la buena nueva: han habido cambios en el palacio y el Conde de Floridablanca ha obtenido la confianza del rey.
Una gran algarabía inunda a los presentes. Don Luis debe partir al destierro pero, fiel a sus promesas, la Marquesa está dispuesta a seguirlo. Paloma y Lamparilla se juran amor eterno.
La versión que acompaña a esta entrada data de 1954 y tiene como intérpretes a Santiago Ramallé (Lamparilla), Dolores Pérez (Paloma) y a la orquesta de Cámara de Madrid junto al Coro de Radio Nacional de España. La dirección es de Enrique Navarro.

 CD

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, mira, yo formo parte de un grupo dirigido por el maestro Victor Betinoti en el hacemos zarzuela. Durante 2010/11 y 2012 hemos realizado "El Barberillo de Lavapies" y estrenado "Agua, azucarillos y aguardiente", y ya nos hemos presentado en el Teatro Colonial, Teatro Trinidad Guevara de Lujan, en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata, entre otros lugares. En el siguiente enlace podras ver un afiche de una de nuestras presentaciones, con nuestro coro y Paloma, interpretada por la soprano Rita Capdevila. Aqui hay muchas ganas de hacer zarzuela! Saludos

Anónimo dijo...

El enlace:
http://www.genesislujan.com.ar/nota.php?ID=1002007

Eduardo Vidal Hernando dijo...

Con relación al comentario anterior quiero decir que eso no cambia que la zarzuela sea un género en extinción en el país!!! Una compañía perdida, no significa que el género goce de buena salud!