viernes, 31 de enero de 2014

MADAMA BUTTERFLY, PUCCINI AL ROJO VIVO

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Clásica

Madama Butterfly, Puccini al rojo vivo


A Puccini, ya se sabe, lo atraían irresistiblemente las mujeres. Y a fuerza de adorarlas, pudo crear seductoras figuras femeninas, a las que dotó de una ternura y una pasión auténticamente humanas. En apariencia todas las mujeres de sus óperas son distintas, porque cada una vive en un mundo propio, con un ambiente cultural y social tan diverso como el que propone la Roma de Tosca, el Japón de Butterfly, la China de Turandot, el París de Musetta y de Mimí, o la California de Minnie.
Sin embargo, la heroína de Puccini, despojada de sus trajes y de la ilusión de la escena, observada en su esencia y en su psicología, es el ser humano común, el de todos los días, el que se encuentra en mayoría en todos los públicos. Aquel en el que los vicios y virtudes se equilibran de manera más o menos estable. Muchas veces se ha señalado que lo que hace diferentes a los personajes puccinianos es ante todo la atmósfera en la cual sufren, aman o mueren. De ahí la preocupación del músico por ser fiel en la presentación de ambientes. Una vez logrados, le es suficiente introducir sus personajes habituales, que adquieren entonces su propia individualidad. Esta poética pucciniana, genialmente desplegada, lo lleva a variar de un título a otro ese ámbito, a cambiar de país, buscando a menudo aquellos lejanos y exóticos, y le exige estudiar a fondo las costumbres, la psicología de sus habitantes, el color local.
Cio Cio San ( Madama Butterfly ), a quien tendremos en esta temporada 2014 del Teatro Colón, es otro hallazgo psicológico de Puccini. Al comienzo de la obra es apenas una mujer niña. Tiene 15 años y obra como tal. Es imprudente, precipitada, inmadura. Preparada desde su infancia de huérfana para una vida de geisha, que no desea, se lanza en los brazos del primer cínico y fanfarrón americano que la seduce. Infiel a su familia, a su país, a su religión, Butterfly crece bruscamente y su suicidio es la sanción que ella misma se inflige, y el reencuentro, mediante el rito de su autoaniquilación, con sus milenarios ancestros culturales. A su lado está Suzuki, que es leal y realista. En ella todo es armonía y equilibrio. Dos bellos caracteres femeninos que Puccini opone a la vacuidad de ese marino norteamericano al que diseña con una precisión que marca a fuego la distancia emocional de la protagonista.
Es bien sabido que la presentación de Madama Butterfy en la Scala de Milán el 17 de febrero de 1904 fue desastrosa. Los titulares de la prensa no podían ser más desdeñosos para el autor, desde "Fiasco en la Scala", a "Butterfly, ópera diabética, resultado de un accidente", entre otros bastante negros. Sin embargo, Puccini desafió con el siguiente texto: "Mi Butterfly queda como ella es: la ópera más sentida y la más expresiva que yo haya concebido jamás. Al final el triunfo será mío". Y fue así, ¡quién lo duda!, aunque después de algunas modificaciones, como llevar los dos actos a tres, el agregado de un aria de Pinckerton, hechos que hicieron posible que poco tiempo después, el 28 de mayo, en Brescia, lograra un triunfo que nunca más fue desmentido. Puccini todavía aportó algunos retoques para la representación en el Covent Garden de Londres el 10 de julio de 1905, y posteriormente en la Opéra-Comique de París, el 28 de diciembre de 1906.
Sin duda, la esperamos con entusiasmo en esta temporada porteña

jueves, 30 de enero de 2014

DONIZETTI Y ROBERTO DEVEREUX



Luego del estreno en Venecia de “Pia de Tolomei”, el 18 de febrero de 1837, Gaetano Donizetti vuelve a Nápoles, en cuyo Conservatorio dictaba clases. De regreso al trabajo de composición propiamente dicho, el artista se dedicó a la realización de obras menores, en su mayoría piezas orquestales y corales, que le habían sido demandadas en conmemoración de muertes y aniversarios de músicos y personalidades destacadas.
La época de “Pia de Tolomei” fue, tal vez, la más aguda que le tocó vivir al compositor bergamasco, pues a la pérdida de sus padres, se sumó la muerte de su esposa Virginia. También, en un corto lapso, ella había dado a luz a dos niños que fallecieron en el parto. En medio de tanta desgracia,  corroído por una feroz depresión y muy debilitado físicamente, Donizetti retomó la composición de óperas a modo de consuelo.
Su nuevo encargo fue una ópera para ser representada en el Teatro San Carlos de Nápoles. El tema elegido abrevó en la historia de Inglaterra y fue el relativo a la relación amorosa  que existió entre la Reina Isabel Primera, ya de 65 años, y el Conde de Essex, Roberto Devereux, 30 años menor que ella.
Bette Davis and Errol Flynn in The Private Lives of Elizabeth and Essex.
El libreto fue desarrollado por el fiel Salvatore Cammarano. Basado en la obra teatral “Isabel de Inglaterra” de François Ancelot, presentada en París en 1834, y en la novela “Historia secreta de los amores de Isabel y el Conde de Essex” de Jacques Lescene des Maisons, de 1787, Cammarano también se valió del libreto que Felice Romani había escrito para la ópera “El Conde de Essex” de Saverio Mercadante, estrenada en Milán en 1833, sin ningún éxito.
Roberto Devereux ossia Il conte di Essex, junto a Anna Bolena y María Stuardo, es la tercera ópera en la cual  Donizetti aborda un tema de amores e intrigas de la realeza británica de los Tudor. Curiosamente, también, estas tres óperas irían avanzando cronológicamente en tiempo y personajes
Se trata de una de las obras cumbres de Donizetti. Compuesta en plena madurez, el bel canto encuentra aquí su máxima expresión y su argumento se centra en las desventuras de una reina enamorada y el segundo conde de Essex, en la que se mezclan amores no correspondidos.
Los celos y las envidias palaciegas son el caldo de cultivo de una ópera vocalmente exigente que muestra las virtudes del canto y las irresistibles melodías de Gaetano Donizetti.
Roberto Devereux fue estrenada el 29 de octubre de 1837 en el Teatro San Carlos, Nápoles.
En unos pocos años, el éxito de la ópera había hecho que se representase en la mayor parte de las ciudades europeas incluyendo París el 27 de diciembre de 1838. En España, se estrenó en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona, en 1838.
En Buenos Aires la obra se estrenó en 1854.
Con un argumento similar, en 1939, Hollywood llevó al celuloide "The Private Lives of Elizabeth and Essex", junto a Bette Davis y Errol Flynn. Una foto de dicho film se acompaña en esta entrada. 
Acompaño esta entrada con una grabación de la ópera de Donizetti correspondiente a la función del 24 de septiembre de 2005, de la Ópera de Lyon, con el siguiente elenco.

Isabel I, Reina de Inglaterra: Maria Pia Piscitelli
Roberto Devereux, Conde de Essex: Stefano Secco
Sara Nottingham : Enkelejda Shkosa 
El Duque de Nottingham : Laurent Naouri
Lord Cecil: Bruno Lazaretti 
Sir Gualtiero Raleigh : Enrico Turco 
Un Paje: Paolo Stupenengo
Un Familiar : Paolo Stupenengo
Coros y Orquesta de la Ópera Nacional de Lyon
Director: Evelino Pidò

CD